20 estruendosos portones irrumpieron en la tarde
armonizaron con el canto del zorzal y el cielo casi celeste.
Salieron a la vereda y bailaron impunes.
Los ríos de rocas reptaron a toda velocidad
al ras del suelo
por el acantilado hasta mi coche.
No me digas lo que no fui
en el pasado nadie es.