La habitación me resulta extraña, esta vez sólo estoy de paso. Para cubrir lo que quedó de mi sombra con el cuerpo, para volver lo ausente de un color más vivo, para renovar las prendas y que sea otra la textura que quede impregnada en la piel.
Un diagrama, una estructura de fino alambre entretejió el día. Con su circularidad enlazó nuestros tobillos y nos trajo a todos a un festín que dijimos maldito, por no querer talar el bosque de lo inmenso, de los arcos de medio punto inmersos en luz; el bosque del rebaño sin nombre, de los pastores perdidos.
Nos alejamos de lo tangible, para quedarnos en el hueco del abrazo, la semicircularidad envolvente de caricias que se escurren y escapan. Articulaste la canción como un ruego, la clave secreta para la entrada a los besos de baldío, besos de distancia prudente.
Intermedios vacíos para llamar a una noche y ponerle nombre.