Desiertas

Compartimos unos cuantos nombres
y una infracción de transito.
Supimos de los mismos días
intercambiando las pelusas de nuestras camas,
esas que nos traían los visitantes
enganchadas en sus pulloveres tejidos.
Te resultó llamativa mi mirada
y me encontré parecida en tus gestos.
La enredadera nos engañó sin previo aviso
colándose de mi jardín al tuyo,
te trajo hermosa envuelta en mil hortensias.
Trajiste todas las pelusas
que guardaste una por una, con delicadeza, en la mesa de luz.
Hicimos un acolchado enorme
para recibir juntas a los visitantes, preparamos el te
y nos reímos todo febrero.
La madreselva desconfía,
como toda madre,
pero preferimos dejarnos engañar
decir que vivimos juntas, que es nuestro el hogar
y que así lo pensamos.
Abrir la puerta y dejar a la gente pasar,
correr en localidades anónimas.