¿Esto es para mi o para vos?, preguntó Martina al ver un amontonamiento de pequeños tornillos ocupando la mitad del cajón. Nunca pensó que la división de bienes era eso, decidir sobre varios tornillos atestados en un rincón.
¿Esto es para mi o para vos? repitió tomando los pequeños pedazos de diversos juguetes que habían quedado al descuido en la mesita del fondo, sin siquiera entender del todo la pregunta.
Por un momento le resultó divertido creer que debería haber rotulado cada objeto con el nombre de su descubridor, una pequeña sonrisa casi se le escapa. Pensó en comentarle esto a Pablo, cual chiste cotidiano, pero abandonó la idea; para estos momentos quizá lo debido era un poco de seriedad.
Pablo se limitaba a mirar, estupefacto, la cantidad de cosas que habían juntado con el correr del tiempo. Pensó que debería haber una tercera casa, la casa de los nosotros. Ahí almacenarían esas pequeñas cosas que, aunque seguro ninguno de los dos iba a usar, ya tenían una entidad propia, una entidad que pertenecía al nosotros.
Mientras tanto Martina ya se había vuelto amiga de la pregunta, le resultó mucho más profunda de lo que parecía y englobó, al repetir nuevamente la frase, un motón de objetos que parecían brotar desde los rincones hacia sus manos. ¿Esto es para mi o para vos?, y asomaban imanes, tarjetas, stickers, postales, hojas, lapiceros....Pensó que iba a ser agotador e hizo un momento de pausa para analizar sino era mejor seguir con el placard, la división de la ropa era mucho más sencilla. Descartó el pensamiento, aunar los para mi y para vos en cajas distintas era algo a lo que había que enfrentarse tarde o temprano.
A Pablo le divertía verla jugar a "la división", sabía que ella no lo estaba tomando tan seriamente como parecía y que había aplicado algún tipo de regla u orden para repetir la operación la cantidad de veces necesarias hasta que uno gane. Aportaba, como un jugador más, dividendo los tornillos en partes iguales y las tarjetas por color.
Se le ocurrió que aunque a partir de ahora vivirían separados podían comprar el mismo diario y dividirse los suplementos. Se imaginó tocando el timbre el domingo a la mañana, repitiendo, ¿Este es para mi o para vos?, con la sección de política en la mano. El único problema posible lo iban a generar los chistes, ya que a ambos les gustaban los mismos y parte de los domingos consistía en la risa compartida y el "¡mirá, mirá!" del primero en descubrir el más sabroso.
Martina miró el cuadro que colgaba sobre la cama y ahí comenzó la batarola de pensamientos en su cabeza. Ella lo había pintado, técnicamente era suyo. Pero no lo había hecho por ella, tampoco se lo había regalado a él; le había pedido prestado parte de él para hacerlo, parte de él que estaba anclada dentro suyo.
¿Y los cuentos, las anotaciones?, se preguntó Pablo entendiendo el problema en la mirada de Martina. Escritos por él eran parte de ella, siempre había un pedacito de Martina que se inmiscuía en los textos.
¿Para mí o para vos?, resonaba lacónica la pregunta.
Había cosas que ya no les pertenecían o que habían nacido para ocupar el lugar de los nosotros.