Otros sucesos

A la vuelta de tu casa una estatuilla de elefante con montura roja, borlas y bellos cuernos de marfil se enfrenta a la autopista junto al perro de cerámica y otros dos animales que no llego a ver.
Apiñados en un rincón en la esquina inicial del camino al jardín de una casa descuidada me miran pidiendo que los recuerde y que no te lo mencione. Me recuerdan que no llevo la cámara conmigo ni sé dibujarlos, me dicen que es una ventaja, que no los cristalice en el tiempo, que los conserve con el descuido necesario.
Te adelantas a contenerme en palabras y ni siquiera podés sostener tu cuerpo. La luminosidad de la tarde te viste de ansiedad y mi ligereza no te calma.
¿Qué se siente ser el pajarito cantor del invierno? me preguntás.
Tu osamenta no tiene peso, alivianate, no vamos a cantar juntos. En realidad soy yo quien, camino a mi colectivo, te acompaña para que vuelvas a tu casa, para que duermas y llames a tu ruiseñor. A tu verdadero pajarito de invierno que se entristece al verme entrar de manera caprichosa a tu casa, estar de sólo de paso en el sillón y no adorar, como lo hace ella, todas tus farsas.