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Una galería colonial encierra el cuento que no escribí.
En el monte de frutales duermo entre los cítricos para despertar como el eucaliptos, sin nada de corteza.
Capaz comparta el eco de una canción cuando vuelva, una de esas que suenan desde ayer, que tienen olorcito a nostalgia  y se cocinan en los hornos a leña.
Capaz me resguarde en la alameda hasta que se acabe el viento.
Segurocapaz.
Me entrevero entre lo verde porque alguien dijo que tenía tiempo; y yo le contesté que si, sólo para venir hasta acá. Tenía razón.
Alguien me dijo: "Me encanta el silencio que dejás entre las palabras cuando cantás, el perfume de todas tus plantas; todo discurso, todos tus movimientos me recuerdan a algo viejo". Me replicó tantas cosas que le regalé una almohada y la siesta eterna en el sillón.
En definitiva Morir es una palabra en plural, contar con que vas a cuidar mis cosas, doblar mi ropa y hacer dormir mis libros.