Miró el complemento de las pirámides, las esfinges a tus mapas
y los dibujos de tu cuaderno de viaje.
No se preguntó donde guardás tus cosas
ni le interesó lo que había en las cajas,
ni siquiera las anécdotas familiares
y las inasistencias a los festines inconclusos.
Tampoco las declaraciones en prosa,
los puntos y las comas.
Preparó tus comidas,
ocupó todas las ausencias
para el sinfín de bienvenidas planeadas.
Descosió toda la ropa para que no
desaparezcan las costureras.
Puso al día los almanaques y esperó
hasta el último día, del último mes
para decir:
Cariño, Penélope murió.