Existe un nexo palpable que une nuestros espacios, la biblioteca es su sostén. El libro que me transfiere tu sentido, el mismo libro que tenés vos. Con el separador te marco los límites, te pido amablemente las cosas que me gustan, construyo barreras sorpresivas, previstas pero audaces. Subrayando con el resaltador armo los puentes.
Nuestros libros repetidos marcan hitos; nuestro preferidos son invitaciones, ventanas sin rejas. Callados guardan orquestas, simulan lejanía. Se pasan entre sus hermanos nuestras imágenes, las comparten y nos reconocen.
Los inquieta y llama su atención la casualidad. Verme a mi frente a ellos en otra biblioteca; a mi, no la imagen que saltó el separador y se acomodó en otro estante para poder llegar a otra biblioteca esta vez desconocida.
Bailé, bailé, bailé...vi el container de libros y quise nadar. Me dijeron que no me podía llevar ninguno pero que había una forma de que me pertenecieran. A escondidas robe uno y pequé al abrirlo. Entre a una habitación en la que ya era de noche, en la biblioteca vi al libro hermano, quizá éste un poco más usado.
Entrar en tu libro hermano, primo , sobrino y entrar en tu casa de ayer, en la de ahora o en la de mañana. Irrumpir no. Dimos permiso cuando sacamos el libro del cajón y lo pusimos en la biblioteca. Observar el espacio que habita y es habitado.No es tu intimidad la que me interesa, es el aire que llena tu espacio.