Intruso,
no festejes el exilio descansando en lo fortuito.
Lo recóndito está acá
en mi cuello.
No te desangres en su cama
cuando me deslizo de ella a escondidas.
No me sigas en puntas de pie
si reposo en olvido.
No finjas más tu familiaridad.
Los animales tienen sus propios ritos,
se desploman en nuestra jaula
de adornos tejidos.