Sigiloso

La primera ola, del primer verano, del viento que trajo el invierno, del otro lado del continente inventado, se despliega ante nosotros. Suspiramos ya abatidos de la ansiedad de abrazarla.
El mundo de las medusas se extiende ahí dentro.
Nuestro zoológico, las aves que conforman nuestro codos, las hormigas de nuestras rodillas, los lobos del pecho...la fauna entera arremetida compite con la densidad del agua. Algunos se agrupan en manadas ante el temporal.
Los finos hilos de las medusas despiertan a los osos que todavía hibernan. Despiertan atónitos, atragantados de espuma.
La marea baja y entre las algas quedan los vestigios de la matanza. La espuma descansa sobre los poros de la piel, que ahora es sólo piel; dermis, epidermis, vasos y cápsulas.
En el horizonte se retiran las medusas para reanimar otros hábitos y en esta línea divisoria del otro continente inventado, la piel y el sufragio de lo atávico.