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Me dí cuenta el otro día, haciéndole un nudo a tu bolsita para el pan, que habíamos llegado a un nivel de intimidad temeroso. Que sabía el truco para que funcione la cerradura del frente, chiflarle al gato cuando se sube a la mesada. Aprendí a ser cordial con las visitas y a esperar a que se sienten todos en la mesa para robar ensalada y mojar el pan en la fuente sólo a escondidas. Sé dónde se dejan las notas y en dónde están las lapiceras, que la azul no funciona y el resaltador está seco.
Junté un par de azaleas para adornar el florero, así lo único que resalta es la tinta azul
no la palabra
no la letra
Espero no olvidarme la ventana abierta y que por culpa del viento la nota caiga debajo de la heladera, que la agarre el gato y nunca la deje llegar; que lleguen las visitas y no haya mantel, que se consuman los modales ya sin uso y que las ensaladas no sean profanadas; que nadie sepa como destrabar la puerta del fondo y la casa se sienta encerrada...o peor! que la nota no se caiga y me veas acá sentada, esperando que termines de leerla para ver tu cara.